El grupo literario Babandí le rinde un merecido tributo a José del Carmen Rosa Acosta “Checame” “Pescador, Cargador de agua, Maestro, Poeta y Orador” (Mario R, (2005). Nacido en Pampatar estado Nueva Esparta. En primer lugar, presentaremos un párrafo escrito por su hijo Mario Rosa Guevera que pincela el desandar de Checame por tierras margariteñas. Luego el poeta Luis Sánchez le escribe un maravilloso ensayo titulado “Qué responda la tarde. ¿Despedida?”, tomando como puerto de partida el poema de Checame titulado “Que responda la tarde”. Para comenzar la hermosa travesía por las aguas cristalinas de sus versos, develando el maravilloso ser que que desandó los espacios marinos de esa hermosa tierra margariteña.
José Del Carmen Rosa Acosta
“hombre de convivencia directa con el paisaje de su pueblo, con sus costumbres, vivencias, faenas y tradiciones. De este encuentro con la belleza natural del puerto y su gente sorbió lo más profundo de ellos, cultivándolo profundamente para luego irlo plasmando en sus escritos y poemas. ..fue uno de esos hombres que tuvo que transitar a pie por esos caminos de arena y piedra, mitigar el hambre con frutas silvestres y las dádivas de sus amigos, para llegar a los centros de estudios y lograr la luz del aprendizaje…durante sus setenta y cuatro años de vida produce numerosas obras que deja como legado del patrimonio cultural de Pampatar: “Aldea sobre el Júbilo” “Playa Feliz”, “La Sirena y la Ola”, “Viaje”, “Margarita Espartana y Ateniense” y “Donde palpita el Corazón del Hombre” entre otras…Autor de varias obras musicales grabadas por varios interpretes musicales de la zona: Viejo Roble, Los Pesqueros, Mariposa Extraviada sobre el Mar, entre otras…hermano y padre ejemplar, amigo de amigos, con una chispa y gracia natural para el chiste y las anécdotas…nos expresa en este poema “Que Responda la Tarde”, con ese lirismo lleno de fuerza, claridad y belleza, su dolor ante los grandes avatares de la vida, un regocijo por lo vivido y el entendimiento y la resignación ante la muerte…El poeta izó el velamen de la barca celestial para recorrer sus mares en un viaje infinito sin regreso, el 24 de diciembre de 2004.
El poeta Checame a la izquierda de la foto
Que Responda La Tarde
¿Despedida?
¿Contemplación ante lo inminente?
¿Qué tiene la tarde en su analogismo con la vida de este poeta que residenció en un pueblo – puerto – marino?
No hay espejismo más vivo que el atardecer de los puertos, pampatar cierra su aleteo de mariposa diurna en el muro celeste donde barrancan las sombras y los ojos de Checamen tal cual lo conocí se abren como un microcosmos en la espiral – lindero que hipocampa su curso.
La tarde teje campanadas de silencios para los oídos videntes.
Sí la tarde: muro, roca, ola que vacila solo un instante antes de ser toda ánfora de la noche.
“Que responda la tarde”.
Porque sólo el poeta en estado de gracia, la poesía, es capaz de encresparse en el bucle del misterio – vida y desde allí preguntarse.
De ninguna manera actitud evasiva en esta encrucijada del río – vida, evasiva hubiera sido preguntarle a la tarde.
Si precisamente la tarde es un momento cumbre, vacilante entre oscuridad y sombras, es como la preparatoria para la vigilia del sueño y sobre todo cuando el poeta Checamen sabe, intuye la llegada de otro sueño “a este mundo que apura sus esferas sonámbulos”.
¿No será la tarde ese instante kuántico donde se curva el espacio – tiempo?
Y es que este poeta evidencia en este estado de éxtasis meditativo a la misma tarde revelando con su voz incógnitas extraviadas en el “laberinto perdido dentro del laberinto”.
¿Y quien alguna vez no ha sentido en esta hora límite fronteras de espuma en la pizarra azul del puerto la voz del silencio?
Los alcatraces si saben con razón picotean su alfabeto bajo la tapia del atardecer marino.
“Que responda la tarde con mi voz de silencio”
Checamen desde niño se camuflajeó en un juego de caracoles con la orilla de allí que sus sentidos se abrieron como las redes etéreas que abrazan la platería marina, por esto fue tan natural para el hombre de carne, huesos, corazón, sentimientos, pescar las tardes infinitas escuchando la voz del silencio.
A pesar de la ausencia que inscribe toda muerte el poeta lejos de llantos lastimeros, invoca este ejercicio de vida contemplando, por que es desde el mismos seno contemplativo donde miramos sin mirar oímos sin oír y es donde pulsa en plenitud el ser fundiéndose en un acto auténtico no solo con la tarde, que se encuentra con el poeta en una simbiosis oracular (la tarde habla a través del poeta y el poeta habla a través de la tarde) y más allá del gesto nostálgico me atrevo a decir que Checamen deja espacio para un desliz, como las ocurrencias que tanto saboreamos en su vida,
cuando dice “robemos a la muerte el calor de mis manos y guárdalas en las tuyas como un pájaro insomne”.
El trinar y el vuelo de los pájaros caló hondo en su alma, hoy recuerdo su perfil de gavilán ensoñando, riendo carcajadas y oteando en el horizonte “la noche en un puerto cruzado de azufres y relámpagos”. El aguacero como un rosario de perlas hondeando en la palma marina la redondez del inicio. Por eso transmigrando su vuelo en el nidal de la tarde proclama la esperanza de la victoria, la victoria del canto carnando el poema, la voz misma de la tarde en “un verso cincelado en el muro sombrío”
Si algo tuvo este poeta en su vida es que fue un maestro de la metáfora y aquí en este poema – libro manan desnudas, llanas y complejas no como herramientas sino como fuego de vida que se hila así misma en sus manos de abuelo demiurgo, algo teje la tarde como un cesto añejo de mimbreras taciturnas.
De allí que la piedra es “una paloma calcinada en ígneos horizontes”.
Quizás pupilado desde siempre por la cornea marina parpadeando sobre la maceta de acantilados que barrican los crepúsculos sobre el malecón.
Y al mismo tiempo la piedra es la “esclava solitaria de iracundos guerreros” mostrando el poder transformador y de síntesis.
Gota de sangre
Codificando
El uvero de la vida
En esta isla también sentada y esclava de salobres aromas.
Además ¿no es la piedra una víscera muda que atempera
en el río del atardecer?
José del Carmen Rosa Acosta nos deja este legado metafórico, propio de un artesano que invidencia la redondez de la perla formándose en el corazón de la concha y que llovieron en las niñas de sus ojos desde muy temprano.
En esta especie de trance que germina péndulo entre luz y sombra, el poeta de cara a la muerte cual presencia segura en la vida, tan segura, que afirma “y la inmortalidad así se irá muriendo”, referenciándose con la muerte del mar, de allí que asume no menos, válido en este momento, la expansión o liberación de todo lo que constriñe, reprime, ata y rigidiza a la mente y, por ende a la vida humana: “que el triángulo libere sus tres rígidos brazos”.
El mar siempre como un libro mágico en la cabecera de su vida.
Y nadando en esa ola expansiva igualmente irrumpe contra la linealidad del tiempo. Como liberando a las agujas de la circular esclavitud maníaco –obsesiva a sabiendas “que la muerte siempre llega disfrazada de tarde”.
La tarde pesca su resfriado de colores en la nariz del poniente y Checamen siempre allí con un pañuelo nube entre sus manos – alas
¿Porqué nadie a inventado un espantapájaros que incrustado en el plexus mismo de la tarde nos libere de la muerte?
Parada necesaria en un puerto donde la barca abreva con sus labios salobres el histriónico cancionero de las sirenas.
Más bien una pausa en el itinerario, viajero ritualizando su cauce, registro, ojeada que palpa en círculo a la periferia terrenal.
Vigía apostado en un rancho atrincherado de estrellas, hace un registro vivencial, no sólo de su vida sino de la vida terrenal desde sus albas sanguíneas al insidioso discurso que saliva el miedo o la alternativa de vivir “bajo la hiriente soledad de las palabras”
La palabra que resume en sí misma los antagonismos y las complementariedades como una moneda que rueda sobre el filo de dos caras una sagrada y la otra prosaica. La palabra que salva y la palabra que mata.
…”Taládrala en la intacta
Realidad de su esencia.”
Penetrar en la vida es parte del signo poético el arte como vía para descifrar la vida aún que se tornasole de máscaras, por eso el poeta con ojos tristes rociados por la ausencia terrenal con espejuelos de agujeros negros entre sus parpados hunde el aguijón de sus pupilas cual gaviota sobre los espejos vespertinos hasta tocar carne, vibración y extraerla debajo de la superficie, otros ojos abriéndose en la despensa que el mar desengaveta con los atardeceres, que son múltiples y uno solo como la instancia vital del poeta.
La tarde es eflorescencia donde se desmembra la luz en sombra
o la sombra interdigita a la luz hasta enguantarla toda
La tarde es una pasajera en este juego de eternidades entre luz y sombra
Juego al que Checamen se anota también como un pasajero.
Natural
Genuino
De cara al poeta que nos devuelve tarrayasos de espuma
En la orilla del relámpago
“Aunque viaje de espalda”
Paulatinamente el poeta se construye su epitafio en la vida.
“Lentamente entrego
este oficio de vida
la palabra que soy
se la entrego a la tarde”
No hay mayor desnudez, sinceridad, que la entrega.
No hay oficio de vida más primigenio que la poesía, porque precisamente es la evocación-invocación más cercana al origen.
No olvidemos que el mar epitafia la memoria del origen.
El poeta transfigurado en palabras se funde en un monosílabo ser con la tarde.
Si en un principio es la palabra el final también es la palabra, es el relativismo del génesis.
Si la tarde es testigo muda de este éxtasis poético, quien más que ella para refrendar su gesto.
¿Y como se desnuda la vida? Sino es con la palabra poética, aunque parezca paradójico, pues la palabra como tal es el parto que rompe y testimonia el estado poético que se fragua en el silencio.
Ya este solo poema es un libro, inicio del final y final del inicio, es decir, libro abierto como una bitácora que se deshoja con la ronda de las notas marinas.
Semilla latiendo en su surco genésico
¿Qué oficio hay más noble que el de vida?
Y ya Checamen desde muy temprano en esta estadía marino-terrenal trajinó muchos oficios que templaron en el su anatomía poética, como un pájaro que va depilándose del falso plumaje en el vuelo hasta ser pura esencia, canto puro crepusculando en el corazón de la tarde.
Luis Sánchez
Upata, Noviembre 2009
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